Taijiquan

El Taijiquan combina los movimientos elegantes y agraciados de las artes clásicas chinas con la eficiencia de las aplicaciones de combate del Shaolinquan (Kung Fu Shaolín) y la profundidad de las artes internas como el Chi Kung, para convertirse así en un verdadero “arte marcial interno”.
La práctica del Taijiquan genera resultados maravillosos a nivel de la salud y la vitalidad, del equilibrio emocional y de la claridad mental. Es una excelente herramienta de “meditación activa” que permite aún más conexión entre el alma, el cuerpo y el universo. De su práctica nacen aplicaciones simples, directas y muy efectivas que nos permiten desarrollar interacciones más sostenibles, más valiosas y más profundas con todos y todo lo que nos rodea.O – Colombia 

DE SIFU PITI PARRA

“La esencia básica del Taijiquan en su parte marcial – dejo de lado por ahora la parte estética/artística y la parte interna/energética – es lo que Sifu tradujo del chino al inglés como “yielding”, que podríamos traducir luego al español como “ceder”. Sin embargo, creo que es importante entender que en este caso el concepto marcial se refiere más a “mitigar la fuerza”, que a “rendirse”, como muchas veces se podría entender esta palabra.

Yielding/Ceder en Taijiquan se descompone a su vez en tres fases:
1.- Absorber
2.- Neutralizar
3.- Redirigir

 “Absorber” se refiere al movimiento circular y hacia atrás que permite que la fuerza del ataque no genere impacto, pero si permita que el movimiento completo se ejecute por parte del atacante, de manera que la fuerza se “gaste”, sin tocar al que “absorbe”.
Este movimiento es seguido, sin interrupción del flujo, de otro en el que se “neutraliza” la parte del cuerpo que el atacante utilizó.

Como al “absorber”, el atacante ya gastó la fuerza que tenía, la “neutralización” se puede realizar de manera muy suave. Muy poca fuerza comparativa puede inmovilizar la gran fuerza inicial con la que se produjo el ataque. Relativamente, el movimiento de “neutralizar” es en el momento de la transición de atrás hacia delante y, de nuevo, presenta un movimiento circular.

Aparece entonces la posibilidad de “redirigir” el ataque recibido con un tercer movimiento, también circular (espiral), pero activo, hacia adelante, que le “devuelve” al iniciador el ataque que realizó. Este “ataque” puede implementarse de muchas maneras diferentes y ante todo, al tener al contrincante neutralizado, se puede hacer más como advertencia que como ataque real.

(Si usted ha practicado Taijiquan puede “ver” este principio en el simple movimiento de su antebrazo, muñeca y mano, ejecutando “Inmortal sacude su manga”, seguido por “La belleza se mira al espejo” y finalizado por “Serpiente blanca lanza veneno”…)

Después de esta larga y complicada explicación contextual del principio básico de “ceder”, voy ahora si a la aplicación a mi vida diaria:
Al vivir en este país – Colombia – de turbulencia y alta velocidad (y seguramente ayudado por una buena dosis de memoria celular de violencia…) mi reacción automática y permanente – la única, para ponerlo más claro – era la de responder con “fuerza contra fuerza”. A cualquier ataque, o aún a cualquier posibilidad de ataque, lo mejor era un ataque aún más fuerte. El resultado de este proceso era muy simple – violencia que desataba más violencia y que generaba un círculo vicioso de percepción de falso poder y aislamiento cada vez mayor – excelente alimento para el ego. Cuando hablo de violencia no me refiero solamente a su manifestación física, sino a todas las posibles combinaciones físicas, emocionales, racionales y energéticas. Nunca “cedía”, nunca “absorbía”, nunca “redirigía”, siempre respondía tratando de “ganarle” a la fuerza del ataque que viniera, fuera real, potencial o imaginario.

El hecho de saber que en cualquier situación de “ataque” – real, potencial o imaginario – puedo escoger si contraataco con más fuerza o si “cedo”, absorbiendo, neutralizando y redirigiendo, e inclusive que al redirigir también tengo la opción de contraatacar o de advertir que podría hacerlo, pero que escojo no hacerlo, me da libertad. 14 años de práctica disciplinada de Wahnam Taijiquan me hicieron ver esa otra alternativa, no para remplazar la forma que conocía, sino para tener otra opción. Y tener otra opción, ampliar mis alternativas, es acceder a esa libertad.

Aprender/practicar/transmitir el Arte del Taijiquan se convierte así en una posibilidad ideal para seguir preparándonos para el país de post-conflicto que tantos queremos…”

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